Margarita Aizpuru
Marina Núñez
“La femineidad craquelada. Nuevos comportamientos y reestructuraciones genéricas”, catálogo, Diputación de Málaga, Málaga 2007, pp. 21-23.

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Pintora que ha expandido su área creativa originariamente habitual hacia otros ámbitos artísticos, como el vídeo, la instalación, la fotografía y el mundo objetual, aunque con una influencia clara pictórica. Con sus tra­bajos está elaborando nuevas iconografías de mujeres en consonancia con los avances científicos aplicados a la biología pero teniendo siempre pre­sente su posición feminista. Considera positivas y un avance para las muje­res, y para toda la humanidad, que emprende una nueva fase de su existen­cia aún por desarrollar, con todo el potencial que ello implica, las posibilida­des que ofrecen las transformaciones corporales debidas a la ciencia y la tecnología avanzada. Transformaciones que están permitiendo en la actua­lidad, y van a permitir mucho más en un futuro próximo, aplicaciones e implantación de células madres en órganos enfermos para su curación o para la renovación y rejuvenecimiento corporal, operaciones en las cadenas genéticas humanas con la consiguiente posibilidad de supresión de las enfermedades de herencia genética, clonaciones humanas, operaciones de cirugía estética altamente sofisticadas, y aquellas operaciones vanguardis­tas que injertan prótesis artificiales sustitutorias de los órganos enfermos humanos, con la consiguiente entrada generalizada en la era ciborg ya pre­conizada y abrazada, entre otros, por teóricas feministas, y por ella misma. Unas transformaciones corporales que permiten aún más si cabe la ruptu­ra de las identidades genéricas binarias y fijas, dando lugar a otro tipo de identidades humanas diferentes, múltiples e incluso transitorias.

En una mayoría de su trabajo creativo se ha centrado en la conjunción entre mente y cuerpo, ambos en transformación, y lo hace desde perspectivas diferentes a las de otras artistas españolas, y en concordancia con otras crea­doras y teóricas feministas internacionales, sobre todo con las teoría de la nor­teamericana Donna Haraway, pero desde caminos muy propios y personales. Ella ha venido rechazando las constricciones corporales y psíquicas femeninas configuradas -y por desgracia impuestas férreamente a las mujeres- por la tra­diciones culturales patriarcales, por eso aboga por esas nuevas construccio­nes de unos cuerpos híbridos y en transformación, que se correspondan con ese otro tipo de identidades diferentes a las marcadas por nuestra cultura que se basa en ese rígido dualismo de género femenino-masculino, claramente diferenciado e impuesto a mujeres y hombres de forma separada. Diríamos que aboga, y nosotras también, por unos cuerpos e identidades autogestionados, ese sería el objetivo, la autogestión de cuerpos e identidades, muy en línea, pero desde ópticas completamente nuevas, al grito emitido por las femi­nistas de los años setenta, en las manifestaciones callejeras al reivindicar el derecho al aborto «mi cuerpo es mío y yo me lo autogestiono».

En una primera fase se centró en indagar en una imaginería femenina que representaba la enajenación mental, la histeria o algunos tipos de locura considerados por la sociedad patriarcal como enfermedades típicamente de mujeres, para catalogar a las alteridades y diferencias psicocorporales que iban más allá de los comportamientos femeninos estandarizados y de las acti­tudes de represión del propio yo. Y lo hacía desde discursos críticos y enfo­ques feministas sobre las teorías freudianas, y seguidores, misóginas.

Posteriormente se ha adentrado en el ámbito de la ciencia ficción, no desde perspectivas de imaginación lúdica, sino de posibles realidades, y dentro del marco de las nuevas tendencias feministas de la representación, sobre todo a través de la imaginería de seres clonados y de los ciborgs, en conjunción con los planteamientos anteriormente mencionados, represen­tando a seres humanos, fundamentalmente mujeres, multiplicados, clona­dos, entre lo humano y lo artificial, seres posthumanos en una nueva era. También ha explorado la representación de seres andróginos, que han ido más allá de los géneros binarios y han asumido parte de ellos, más otros elementos identitarios de nueva configuración. Y seres que han roto los lími­tes entre lo humano y lo artificial, convertidos en individuos posthumanos, mucho más culturales que naturales, prueba de ello son dos obras incluidas en esta muestra, dos infografías sobre cajas de luz circulares que nos ofre­cen seres, corporalmente mujeres, pero de construcción y configuración cultural e identitariamente transformadas.

Dentro de estos aportes artísticos, M. Núñez nos presenta otras dos obras en las que no sólo explora en la representación de las identidades genéricas flexibles sino que aporta algo nuevo, y es el espacio y territorio de la identidad genérica ya no sólo constreñida al propio individuo, a su propio cuerpo, sino abarcando el contexto inmediato que le rodea. En estas dos pin­turas, S/T, seleccionadas, se puede observar como una mujer contamina los objetos que toca, convirtiéndolos en parte de ella, en una suerte de expan­sión identitaria-corporal que abarca todo el espacio que la rodea, incluyendo a los objetos de su uso personal que quedan así humanizados. Con estas obras la artista aún sigue dando pasos en su investigación, añadiendo nue­vas ideas al concepto de identidad humana y sus límites, ahora en el sentido de incorporar a este concepto el contexto y hábitat que rodea a! individuo, y que de alguna forma lo condiciona y conforma.

Por último, y en relación con las tesis de una identidad genérica múl­tiple, cambiante, efímera y en continua construcción nos encontramos con dos vídeos de la artista, los denominados Red y Multiplicidad. Mientras en el primero observamos el retrato de una mujer en estado de construcción, penetrado por cables y componentes electrónicos; en el segundo vemos unos seres en proceso de mutación, cuyos rostros nos ofrecen la visión de unos ojos con unas pupilas que se multiplican clónicamente, ampliando su visión. Configuraciones de unos nuevos seres humanos, con identidades corporales-genéricas que han traspasado los límites hasta hoy estableci­dos, seres de una nueva humanidad aún por explorar y, por tanto, por des­cubrir, quizás ajena a discriminaciones y supeditaciones genéricas, eso depende de nosotros-as.